Una crítica radical del trabajo

 Por el Comité Érotique Révolutionnaire y Floraisons – cultura de resistencia

Notas sobre el libro Libérons-nous du travail ( Liberémonos del trabajo – 2016) por parte del Comité Érotique Révolutionnaire (París) para Éditions Divergences en 2016. Texto comentado por el sitio Floraisons – cultura de resistencia desde la perspectiva de un movimiento de resistencia libertaria, feminista y ecologista donde la crítica radical del trabajo encuentra su lugar. Liberémonos del trabajo es un manifiesto de crítica del trabajo y del capitalismo que genera sufrimiento y precariedad. 

La traducción ha respetado el lenguaje inclusivo del texto original, creemos en el como herramienta de transformación de la realidad.

El trabajo es un crimen ( Le travail est un crime )

Con esta constatación comienza el libro Libéranos del trabajo, recordándonos que “la burguesía se hace cada vez más arrogante porque ha sabido hacer de su mundo, el del dinero y del trabajo, el único horizonte posible; marco de referencia fuera del cual el movimiento social, con raras excepciones, nunca ha sabido pensar”. El Comité Érotique Révolutionnaire propone salir de la lógica de una mejor explotación para  acabar con el sufrimiento generalizado que es el trabajo. Contrarrestar la lógica capitalista que hace del trabajo una necesidad para comprar su derecho a vivir.

 El trabajo como negación subjetiva.

Existir dentro del capitalismo es estar trabajando constantemente, ser explotadore y explotade. La frase “El trabajo hace libre” inscripta en el frontón de Auschwitz es una evidencia para la mayoría de nosotres. Ante todo el trabajo es sufrimiento.                     

“Trabajar es sufrir, es tener que diariamente venderse como una mercancía. Producir bienes-mercancías o servicio-mercancías, regresar como una mercadería que no encontró  compradore y por ende, ser despreciade en los medios de no ser un esclave rentable del capitalismo […] es el sufrimiento de de tener que obedecer a un imperativo absurdo, denigrante, destructor como es producir cualquiera mercancía de manera rentable a cualquier costo físico, psíquico y ecológico. […]“.

El capital hace del humano un animal productivo que busca venderse como trabajadore. Debemos trabajar, es decir, vendernos por la fuerza porque es la “única manera de sobrevivir”. Vendemos nuestro cuerpo y nuestra vida “bajo pena de miseria social”. Tenemos entonces que acabar con este mundo donde no podemos existir sino a través de nuestras interacciones con la cadena de producción global para, por fin, vivir libre y no trabajar nunca.

El trabajo es también una alienación. Como Marx y muchos pensadores han teorizado estos últimos siglos:

“[…] no hay trabajo no alienado, porque se trata de venderse (alienare) como mercancías y  desposeerse en beneficio de una función alienada (alien) en la producción de mercancías. Trabajar, es volverse un extraño (a los propios deseos) en beneficio de una actividad-mercancía. Trabajar es hacer abstracción de sí mismo, es olvidarse y meterse a un paréntesis por el lucro de una función de encajamiento, de codificación o de adiestramiento dependiendo seas cajeres, informatique o profesores”.

El trabajo nos despoja de todo lo que no entra en la lógica mercantil. Transforma los humanos en mercancías productoras de mercancías. Esta sociedad del trabajo continúa siendo “el horizonte insuperable de la humanidad” y es defendida con “cuerpo y alma durante las elecciones, los debates políticos y las guerras”. 

 Por una crítica del trabajo como estructura capitalista. 

“El trabajo es la base del capitalismo. El trabajo produce las mercancías que una vez vendidas se convierten en dinero. Este, invertido parcialmente, es capital generando un nuevo ciclo de expansión del que obtendrá más dinero. El objetivo global del capitalismo es producir un valor siempre mayor. El valor global está dado por la compra de mercancías a un precio que permita a los capitalistas hacer una plusvalía – para invertir y generar más capital – y de pagar a los trabajadores. El único objetivo del capital y los capitalistas es producir mercancías de manera provechosa, comprando fuerza de trabajo (nosotres), materias primas y máquinas para producir;  y revenderlas a un precio que permite compensar estos costos y realizar una plusvalía. Por lo que, sin trabajo no hay producción de mercancías, no hay comercio ni plusvalía, capital ni capitalismo”.

En esta lógica, el trabajador es una fuerza de producción cuyo servicio es mal pagado y genera un beneficio extra. Sufre de “la explotación (porque se trabaja para otra persona)” y “el sobre-trabajo (porque se hacen más horas de las necesarias para ‘reembolsar’ el salario)”.

Esta estructura de dominación priva de autonomía y despoja de todos los medios de subsistencia. Esta privación impulsa a trabajar y a mantener condiciones favorables a la necesidad del trabajo. “Todo ha sido apropiado […] y no nos queda nada. El mundo se ha convertido en un conjunto de propiedades que es al mismo tiempo el de la expropiación, y por lo tanto, del trabajo forzado”.

“El trabajo crea al mismo tiempo que presupone, una esfera central del capitalismo, la economía”.

La economía, sistema esencial para la estructuración del capitalismo, es a la vez el resultado y una necesidad del trabajo. Busca satisfacer una “autofinalidad absurda, ciega y destructora”, mediante el trabajo generalizado.

 El trabajo y su mundo.

“Los capitalistas son dominantes porque pueden hacer trabajar; y los trabajadores están dominados porque deben trabajar.” El trabajo crea una multitud de divisiones jerárquicas necesarias para imponer esta actividad antinatural y relaciones de poder entre clases, géneros y razas socialmente construidas. El trabajo necesita también la hegemonía del Estado que es el campo de trabajo nacional:

“Cada Estado hace trabajar a los sujetos en nombre de la Economía Nacional, de su grandeza y de su competitividad […]”.

Por lo tanto, esta estructura es también necesaria para la existencia del capital y de ella depende.  Necesita la economía y su dinero para financiar su ejército y su policía, y así garantizar un medio de represión frente a los “malos ciudadanos”. También debe garantizar algunos servicios y malos productos para mantener a sus sujetos dependientes del sistema que se les impone. Por último, el Estado regula, prohíbe el acceso a los bosques, no apoya a la gratuidad…  En resumen, nos mantiene en el trabajo (forzado).

El mundo del trabajo exige una administración penitenciaria, que se nos invita a “elegir” cada cinco años. La política según el capital. El Comité nos invita a rechazar a estos administradores, de cualquier línea que sean y pensar el mundo más allá del trabajo, sin necesidad de tales estructuras, de tales jerarquías.

En fin, en este mundo, el ocio es la continuación del trabajo.

“El ‘ocio’ es una invención de la sociedad del trabajo, de una sociedad de separación funcional de los diferentes momentos de la existencia. Es una continuación separada del trabajo y no lo contrario. Es el imperativo de consumir en las fiestas y en los fines de semana migajas de lo que hemos producido durante el día. La obligación de consumir en forma de espectáculo lo que no se ha podido vivir por el trabajo y su mundo:  el amor, la amistad, la aventura. 

El ocio es un horario organizado como el trabajo con actividades mercancías: deporte, cine, programas televisivos; que compramos y se efectúan de tal hora a tal hora, a veces bajo la dirección de un capataz de ocio, el presentador del programa. Es el mandato de presentarse en las redes sociales y los lugares públicos como mercancía conforme a los imperativos del espectáculo mediático-publicitario: Ser cool, no crítico; ser divertido, no espontáneo; estar de moda, no singular después de presentarse en el trabajo como mercancía conforme a las expectativas de la dirección y/o de los clientes”.

El ocio es la contrapartida, los pequeños consuelos frente al estado de asombro y sufrimiento en el que nos sumerge el trabajo.

 La crisis estructural (y subjetiva) del trabajo. 

Los eventos históricos nos impulsan a constatar que nos encaminamos hacia una sociedad del trabajo sin trabajo. El capitalismo está en crisis, alcanzando límites que no podrá superar. “Saturación tendencial de los mercados, […] disminución de la demanda” y de la tasa de beneficio. La única solución que este sistema encontró para continuar su loca carrera al crecimiento (sin la cual no puede subsistir) es la desaparición del trabajadore en favor de un trabajo robotizado.

“De todos modos, no tenemos otra opción que acabar con el capitalismo y su trabajo”: “¡La economía quiere deshacerse de nosotros, deshagamonos de ella!”.

El trabajo restante es cada vez más desvalorizado, cada vez más precario y en condiciones y ritmos cada vez más extremos. Es la aparición de los bullshit jobs y de la sociedad de servicios y seguridad: restauración, vigilancia, cuidado… para los burgueses que pueden pagar estos servicios. “Se produce una aceleración e intensificación del trabajo restante, hasta una multiplicación del estrés, del burn-out, de los accidentes y los suicidios”.

Un mundo más allá del trabajo

“Ya no se trata de luchar defensivamente contra una ley hasta que una próxima fase de crisis nos lo imponga en nombre del «realismo económico», hay que luchar ofensivamente contra esta sociedad del trabajo […]”

Se trata, pues, de organizarse en resistencia frente a este mundo, atacándolo mientras se construyen los cimientos del futuro.

El Comité cita El Manifiesto contra la labor del Grupo krisis (1999): “El objetivo de la política sólo puede ser la conquista del aparato del Estado para perpetuar la sociedad del trabajo. Por lo tanto, los enemigos del trabajo no quieren apoderarse de los controles del poder, sino destruirlos. Su lucha no es política, es antipolítica. Dado que en la época moderna el Estado y la política se confunden con el sistema coercitivo del trabajo, deben desaparecer con él”.

Y el Comité retoma: “Sólo queremos abolir la política para realizarla”.

“Evidentemente, esta auto organización común de las subjetividades vivas, sus deseos y sus actividades conexas, esta abolición del trabajo, supone una abolición de la propiedad capitalista, del mercado, del dinero, del capital. El más allá del trabajo es así un más allá de la economía, es decir, ya no hay “producción” (de trabajo) y de “consumo” (del producto de trabajo) separada del resto de la vida, para una disolución-desaparición de la economía en la vida común. La autoorganización de las actividades ya no es una “economía”, es una parte no aislable de una sociedad basada en las subjetividades vivas y sus deseos. Haremos lo que nos plazca al mismo tiempo que lo que nos haga falta […], y no lo que una “petición”  abstracta de mercancías exige”.

Así que haremos algo más con nuestras vidas que vendernos como mercancías, producir mercancías o consumir mercancías. [… ] Aprenderemos de nuevo los conocimientos técnicos de los que hemos sido desposeídos, […] sabremos hacer todo colectivamente (a nivel de los múltiples municipios con los que mantendremos relaciones de ayuda mutua.)”

 Y ahora…  

“La lucha por la autonomía es solamente significante cuando asuma una intención ofensiva, la de la demolición de las estructuras del capital.

  • Deshacer : atacar explicitamente el mundo del capital en sus momentos clave de reproducción, ley de trabajo, elecciones presidenciales etc.
  • Destituir : liberarse del trabajo y de su mundo aprovechando la fase de crisis del capitalismo y acelerar este proceso 
  • Construir : concretar […] para y más allá de la ofensiva revolucionaria, en formas políticas capaz de consolidar el salto dado fuera del capitalismo.

“Necesitamos equiparnos de nuevas herramientas” para liberarnos “al menos parcialmente de la coacción de la economía” y crear comunas federadas de deserción material. De Comunas que piensen “todos los aspectos de la autonomía: el mercado, el Estado, la propiedad privada de las tierras y las viviendas, las divisiones jerárquicas capitalistas, los conocimientos ultra-especializados de las técnicas industriales, de la justicia burguesa, etc.”

“El rechazo de este mundo tomara toda su eficiencia a la sola condición de superar el único grupo parecido. De ahora en adelante debemos ser accesibles; es decir, dar  la posibilidad a cualquiera que quiere unirse a nosotros de hacerlo sin que tenga necesariamente que ser nuestro amigo. […]

No se trata de solamente deshacer una ley, un proyecto de destrucción o una elección presidencial si no deshacer el trabajo y su mundo. Deshacerse de él y crear otro mundo.” 

FLORAISONS : https://floraisons.blog/podcast4/

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